"YACHAY" No. 29

Sumario

5-10 Presentación Yachay
11-24 Configuiraciones de lo real ,en Heráclito y Nietzche Juan Araos Uzqueda
25-36 Poesía y Nuevo Mundo Raúl Zurita
37-44 El oficio de escribir Oscar Uzín Fernández,OP
45-52 Borges : La alta vigilia Mauricio Gil Q.
53-68 La deuda externa y el jubileo 2000 Gregorio Iriarte ,O.M.I.
69-90 Pueblos indios e Iglesia :Historia
de un a relación difícil
Eleazar López Hernández
91-114 Salvacion universal,diálogo interreligioso
y misión evangelizadora de la Iglesia
Luis Jolicoeur,O.M.I.
115-144 Las ráices históricas y teológicas del
"protestantismo popular"
Juan Gorski ,M.M
145-160 Las guerras y los niños que las sufren Angel Rodrigues Kauth

Presentación

Artículos sobre filosofía, literatura, teología, doctrina social de la Iglesia y psicología social, presenta este número de Yachay.

El de filosofía: Configuraciones de lo real, en Heráclito y Nietzsche, de Juan Araos U., problematiza una lectura que el joven Nietzsche hace de los fragmentos de Heráclito. El filósofo de Éfeso afirma, según Araos, la vigencia del devenir, sin negar el ser, cuya realidad busca y reconoce no sólo “en los hechos y el obrar corrientes, sino también [...] en las palabras, el decir, los nombres.” Lo real en su integridad no consistiría, para Heráclito, en el “puro divertimiento infantil, artístico, inimputable, del fuego del tiempo consigo mismo, impelido por el puro deseo gratuito de jugar y de crear”, tan apreciado por Nietzsche, sino en “lo que no se pone nunca”: cosmos que deviene y logos que permanece: “lo absoluto, fuera o independientemente de lo cual nada finito existe”. Las diversas perspectivas éticas y los arraigados caracteres religiosos, de la existencia humana, conforman también, desde luego, piensa el autor, “lo que no se pone nunca”, de un modo que los mismos fragmentos de la obra del filósofo presocrático tomados en su conjunto nos dejarían ver y escuchar.

Raúl Zurita escribe, por su parte, en el primero de los tres artículos de nuestra revista dedicados especialmente a la literatura, que entre la cima (o sima) fatal del infierno que obtiene “en los resumideros de nuestra historia su desgarradora resolución”, y el rostro humano de Dios, “la plenitud de lo inenarrable”, y “la visión de las estrellas movidas por el amor”, que anunciarían el final de toda conquista; esto es: entre el Infierno de la literatura y el Paraíso de la literatura; queda el “Purgatorio de las palabras, o lo que es lo mismo, el largo itinerario de una cura: la historia de la Salvación.” Nuestro idioma escrito atestiguaría eso, desde su inicio, en particular la poesía, donde dicha empresa doble de rescate y sepultura, de muerte y renacimiento, de sacrificio y redención, “encuentra su referencia más explícita”. “La Araucana”, “Trilce”, “Altazor”, “Alturas de Macchu Picchu”, resultan, en este sentido, capítulos ejemplares de la historia de la literatura, esa “larga saga cuyo relato vendría a ser algo así como la sombra inexpresable de Dios”. Con todo, quizás algún día “los poemas dejen de ser necesarios porque habremos llegado a ser dignos del universo que habitamos”.

Oscar Uzín examina más adelante el oficio de escribir, desde la perspectiva de su propio trabajo de novelista. Observa entonces que la creación literaria elabora la experiencia individual, única e irrepetible, del mundo, y que más o menos aparte de esa creación todos quienes hayan sido alfabetizados pueden, y deben, esforzarse, a su manera, por llegar a escribir bien, tras la perfección de lo escrito. A su juicio, el novelista transforma, ficticiamente, la realidad, según reacciona frente a ella en diversos planos, entre los que cabe mencionar el político o histórico, el geográfico y el de la realidad personal, “lo que puede parecer egocéntrico, pero es inevitable”, pues el autor “es siempre el alma de su obra.”

En Borges: la alta vigilia, Mauricio Gil Q. escribe que la ética y la estética de Borges se cifran en esta frase del prólogo a “Los conjurados”: “Toda obra humana es deleznable, afirma Carlyle, pero su ejecución no lo es”, cuyo tono se percibiría ya en “Fervor de Buenos Aires”. Postulados como el de que la belleza es común, y recursos literarios como la enumeración, típicos en la poesía y la prosa del escritor argentino, muestran, según Gil Q., ese tono, ese espíritu, “que se pueden respirar aquí y allá, en la obra de Borges”, sostenidos por la expectativa de aquélla “alta vigilia” para la cual “cada momento de la vida, cada hecho, debería ser poético” en su (¿pura?) forma.

Gregorio Iriarte retoma después uno de los problemas menos racionales y tolerables del modelo económico predominante hoy a nivel mundial: el de la deuda externa del Tercer Mundo. Iriarte destaca el carácter fundamentalmente moral (o inmoral) de dicho problema, y luego de hacer una elocuente radiografía numérica de él, concentrada sobre todo en Bolivia y América Latina, y de puntualizar algunas causas profundas del fenómeno, critica las políticas internacionales de ajuste estructural, propiciadas por el Banco Mundial y el FMI, por insensatas y empobrecedoras, y cuestiona el costo social de la deuda, incompatible, según él, “con los más elementales principios de la moral cristiana y de normas jurídicas”, aunque ve señales esperanzadoras en la tácita aceptación, por parte de algunos bancos internacionales, “de su corresponsabilidad en el origen y la agudización de la crisis”, al condonar un monto significativo de la deuda externa boliviana. Confía el autor en que el año 2000, Año Jubilar, traiga consigo un alivio importante de ese lastre oneroso de nuestros países, en el mejor espíritu del Año Sabático o Año del Jubileo, mosaico, y de algunas propuestas actuales de la Iglesia.

La última visita de Juan Pablo II a México ratifica, según Eleazar López, en Pueblos indios e Iglesia: historia de una relación difícil, que si bien la Iglesia Católica defiende unánimemente los derechos de los pueblos indios “ante los gobernantes y las clases poderosas”, no ocurre lo mismo “cuando se trata de incorporar en la Iglesia la Teología India”. Algunos sectores eclesiásticos han difundido, en efecto, a raíz de esa visita papal, la noticia de que el Papa condenaría la Teología India, lo cual, según López, queda desmentido por la propia solidaridad del pontífice con los indígenas, manifestada en cada uno de sus viajes a México, desde 1979, y en distintos lugares y ocasiones (Manáus, 1981; Quetzaltenango, 1983; Latacunga, 1985; Xoclán, 1993). López asume que abordar los problemas de fondo entre las comunidades indígenas y la Iglesia Católica pasa por atender positivamente algo que los intolerantes de uno y otro bando han rechazado más de una vez: “la aspiración de los pueblos indios de mantener su autonomía religiosa” dentro del esquema social cristiano. Esto pide, a su juicio, respetar la yuxtaposición religiosa, o birreligiosidad, característica de los pueblos indígenas, y desarrollar un diálogo intercultural equitativo sobre fenómenos recurrentes como la sobreposición y sustitución, de contenidos religiosos, lo que originaría “síntesis novedosas de ambos aportes”, en la línea del primer texto de teología india: el “Nican Mopohua”. La Iglesia reconocería entonces más vigorosamente que hasta hoy, en la religiosidad indígena y las teologías indias, “razones para rejuvenecerse y para seguir luchando por el Reino de Dios”.

Luis Jolicoeur toca, en Salvación universal, diálogo interreligioso y misión evangelizadora, algunos problemas actuales de ese diálogo, con la idea de insistir en lo peculiar del cristianismo en él, que a veces decaería debido, siquiera en parte, a “actitudes blandas e indefinidas” de cristianos que adoptan “sin discernimiento” doctrinas como la de los “cristianos anónimos”, de Karl Rahner y otros. Jolicoeur considera que al menos ciertos desarrollos de la mencionada doctrina no se avienen con la tradición misionera de la Iglesia ni con las enseñanzas del Concilio Vaticano II. El autor se pregunta, en esta línea, si las religiones no cristianas y sus libros sagrados, pueden ofrecer una “auténtica revelación”, e indaga varios aspectos de “la relación entre fe cristiana y religiones”, con el auxilio de autores como Olegario Domínguez, Cyril Papali, Janez Vodopivec y Roest Crollius. Jolicoeur concluye su artículo, señalando que “hace falta cuidar el lenguaje teológico y no dejarse llevar por el entusiasmo de la apertura necesaria hacia “los otros” (no cristianos) hasta el punto de callar lo específico nuestro”, ya que “de ninguna manera se puede pretender que esas semillas del Verbo (de las religiones no cristianas), de por sí y sin el Evangelio, se equiparen a la revelación cristiana”.

Juan Gorski cierra el tramo teológico de este número de Yachay, con el registro de algunas raíces históricas del “protestantismo popular”, practicado actualmente en Bolivia y América Latina. Luego de bosquejar “las cuatro grandes divisiones históricas entre los cristianos”, el autor recuerda brevemente lo que los protestantes han acogido del patrimonio doctrinario común de la Iglesia del primer milenio, y pormenoriza, a continuación, elementos teológicos no católicos, o no claramente católicos, del protestantismo, comenzando por los que aportan Lutero y Calvino. Anglicanos, anabaptistas, pietistas, metodistas, diversas tendencias del protestantismo norteamericano, fortalecen, según Gorski, las raíces del protestantismo popular o “evangelical”, “al cual se adhiere el 80 o 90% de los “evangélicos” en nuestro país y continente”. “¿Podemos excluir a priori –se pregunta el autor- la influencia de la gracia divina en todo esto?” Y responde que no, alentado por el diálogo ecuménico que sostiene que la propia credibilidad de Jesús “depende de la unidad de sus discípulos”.

Finaliza esta entrega de Yachay con Las guerras y los niños que las sufren, de Angel Rodriguez K., quien subraya en su artículo que los principales afectados por las guerras que dañan a toda la humanidad son los niños, y que dolorosas pérdidas de vidas, crueles reclutamientos, mutilaciones físicas y psicológicas, visibles por doquier, violaciones, prostitución, etc., causadas por las guerras, vulneran el derecho infantil a no ser adultos precoces y promueven generaciones de niños que fácilmente se convertirán en mayores violentos “y futuros victimarios de aquellos que los victimizaron”.

Redacción Yachay

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Última modificación 04 de diciembre de 2003.
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