YACHAY" No. 30

Sumario

5-10 Presentación Yachay
11-18 La Universidad Catolica Boliviana
hacia el año 2000
Antonio Cabrerizo Ríos
19-34 La Filosofía de la Universidad Guillermo Luis Porrini
35-54 Liguisticidad de la percepción y la ecología.
Reflexciones a partir de Abram,Husserl y Jonas
Rosemary Rizo-Patrón
55-72 La unidad ontoteológica de la metafísica
de Aristotéles
Ramiro Salazar
73-92 Religión y ética en Aristóteles y Santo Tomás Jorge Martínez
93-102 La psicodinámica y las figuras de lo real Cid Vale de Sousa
103-132 Proceso histórico de marginación social y
movimientos de lucha del pueblo mojeño
Gustavo Pinto Mosqueira
133-148 Navidad zoque 1998 . Relato de una vivencia
análisis a la luz de la Teología de la Inculturación
José Isabel Gonzáles Gómez
149-156 ¿Fe cristiana o pagana? Efraín Lazo Quintanilla
157-177 Desde los remotos y pequeños poblados :
La radio popular en bolivia
Constantino Rojas Burgos


Presentación

Más que una (otra) época de cambio, la nuestra conlleva un verdadero cambio de época, escribe Antonio Cabrerizo en La Universidad Católica Boliviana hacia el año 2000, y advierte que la universidad no puede ignorar eso sin desmedro de sí misma. El desarrollo creciente de los medios de comunicación, la modernidad globalizadora, la cultura universal de masas, en fin: la compleja realidad insoslayable de todo cuanto nos toca vivir, demandan, según el autor, una universidad, sobre todo una universidad católica, “a la altura de la época”, donde concurran, y dialoguen entre sí, fe y cultura como intérpretes y agentes “del sentido de la existencia humana en el mundo”. La Universidad Católica Boliviana, con sus características y finalidades específicas, integra y proyecta en ese diálogo la fe “con los distintos campos del saber, la investigación y el servicio a la comunidad”.

Guillermo Luis Porrini recurre, por su parte, en La Filosofía en la Universidad, a dos obras clásicas de Kant: “El conflicto de las facultades”, y “¿Qué es la Ilustración?”, para examinar las formas universitarias de la filosofía en la época moderna, y señalar de paso más adelante algunas consideraciones al respecto de Schelling, Fichte, Hegel, Scheler, Ortega, Heidegger y Derrida. En una época plenamente ilustrada, la facultad de filosofía, sagaz y bien inclinada, velará, según Kant, por la autonomía de la razón, y dirimirá los conflictos entre ella y las facultades “superiores” (teología, medicina, derecho), incapaces de pensar libremente en realidad, y sometidas al poder político, bien aconsejado, a su vez, por la omnicomprensiva filosofía. En una época como la nuestra, escribe Porrini, la universidad carece, desde luego, de semejante tribunal, y cabe preguntarse si la filosofía está en condiciones de asumirse a sí misma como un poder espiritual sin el cual la sociedad y la ciencia misma se trivializan, y si su ejercicio futuro se localizará todavía de un modo eminente en la institución universitaria o será más bien utópico.

En otra línea de asuntos filosóficos, Rosemary Rizo-Patrón problematiza, en las rigurosas y sugerentes páginas de Lingüisticidad de la percepción y eticidad de la ecología, cierta centralidad antropológica, no natural, de la cultura y el lenguaje humanos, que tenderían cada vez más a fijar sus signos en perjuicio de las situaciones y contextos vividos. De ese orden sería el uso corriente de la racionalidad que abstrae de la experiencia “el sentido uniforme e infinito de un tiempo progresivo y la intuición congelada de un espacio homogéneo y estático”, olvidando que somos “habitantes de la tierra, un astro errante cuyo recorrido en el espacio sideral está más allá de nuestro control”. A la luz de autores como Husserl, Jonas y Abram, la autora juzga sensato, sin embargo, reconocer que la misma naturaleza nos plantea demandas morales inevitables, y que ideas como correlación universal entre la conciencia y el mundo, horizonte intencional, mundo-de-vida, historicidad primordial, y otras, de reconocible filiación fenomenológica y hermenéutica, sirven para pensar esas demandas y para recuperar, “en el marco de nuevas concepciones éticas de la ciencia y de la técnica”, el equilibrio entre la escritura y las raíces, por decirlo así, de la existencia humana.

¿Qué es la metafísica de Aristóteles?, se pregunta Ramiro Salazar, en La unidad ontoteológica de la metafísica de Aristóteles, y sobre la base de la interpretación cuidadosa de textos centrales de E, Z, L, y algunos otros, de la Metafísica, responde que ella es, por una parte, ciencia sabia del ser del ente en general y de los principios de las ciencias particulares; y, por otra, filosofía primera o teología. Uno y otro sentidos se corresponden, respectivamente, según Salazar, con una visión horizontal y con otra vertical, de todo lo que es, y exhibirían aspectos complementarios de una misma ciencia, cuya unidad esencial radicaría en la “interna y necesaria” concurrencia de sus preguntas ontológica y teológica, al ámbito de la entidad (ousía) pensada como “presenciación” (energeia).

Jorge Martínez desarrolla, a su vez, en Religión y ética en Aristóteles y Santo Tomás, la tesis de que el pensamiento de Aristóteles, a diferencia del de Tomás de Aquino, exhibe “una fluctuación no resuelta entre el ámbito de lo teológico y el de lo religioso”, de modo que el concepto aristotélico de religión no se vincula “de manera directa, a ningún aspecto de la eupraxía ni de la eudaimonía”, aunque la teología de Aristóteles culmina su metafísica. El ámbito de la praxis es, en efecto, para Aristóteles, observa Martínez, “indigno de los dioses”. El Dios Primer Motor Inmóvil existe como causa final del mundo, pero ignoramos “qué tipo de causa final es”. La relación de Dios con el mundo implica, sin embargo, para Santo Tomás, subraya el autor, exigencias religiosas no sólo de carácter litúrgico y cultual sino éticas, del orden de la justicia, por ejemplo, lo cual haría a la religión la primera de las virtudes morales. La ley natural tomista tiende un puente que asegura y garantiza, concluye Martínez, el señalado vínculo entre lo ético y lo religioso.

Desplazándonos al singular escenario de la psicodinámica clínica y de su ejercicio profesional, Cid Vale de Souza revisa, en La psicodinámica y las figuras de lo real, las concepciones “subjetivo-individualista” y “objetivo-participante”, de esa “figura de lo real” que es la personalidad humana. Observa entonces que la idea de salud mental incluye siempre las de relacionamiento humano, creatividad, y sensibilidad ética, y que el ego no es un “locus unitario”, si bien “un dato clínico tan legítimo e importante como el que más” es el hecho de que cada persona proyecta “en sí un ego de ese tipo”, capaz de experimentar unidad y autonomía.

Los mojeños han padecido más penurias que gozado beneficios, desde la nada incruenta conquista ibérica hasta su incorporación a la vida republicana, en la cual a fines del siglo XIX surge y se reprime violentamente el movimiento mesiánico de liberación liderado por Andrés Guayocho, escribe Gustavo Pinto en Proceso histórico de marginación social y movimiento de lucha del pueblo mojeño. Pinto escribe también que entre 1930 y 1984 han sobrevenido varios otros movimientos de reivindicación semejantes pero ninguno ha llegado a la Loma Santa. Y que ni la revolución del 52 mejoró la vida del pueblo mojo. Hacia el final del trabajo el autor examina y evalúa las relaciones públicas más recientes de ese pueblo, y de otras etnias del oriente, con el estado y la sociedad civil bolivianos.

La procesión de las Posadas, los rituales de la Nochebuena, la Vigilia Solemne de Fin de Año y Espera del Nuevo, la huida del Niño Dios el día de Reyes, la misa de la víspera y la celebración eucarística de la fiesta de la Candelaria, son presentadas, cálidamente, por José Isabel González, que testimonia, en Navidad zoque 1998. Relato de una vivencia y análisis a la luz de la Teología de la Inculturación, su experiencia humana y pastoral de reencuentro con su pueblo durante la celebración navideña de 1998, a la vez que registra diversos niveles de inculturación que muestran características ancestrales, y coherentes con el Evangelio, de los pueblos amerindios, como la reciprocidad y la sociabilidad. “La experiencia de Dios entre los zoques es existencialista y vivencial”, y en ella la fe cristiana está profundamente inculturada, concluye González.

¿Fe cristiana o pagana?, se pregunta, y nos pregunta, Efraín Lazo Quintanilla, ante la religiosidad y cosmovisión de las comunidades (quechuas) de San Miguel de Colquechaca, al norte de Potosí. Estas comunidades no son ateas, pero su veneración de ciertas cruces que van a la iglesia, las fiestas y pasantías, dudosamente cristianas, que celebran, el tinku que sobreviene periódicamente por cualquier motivo, etc., llevan a Lazo Quintanilla a “pensar en el modo en que Dios está presente en esa gente” y a preguntarse, con nosotros, por el rol del misionero católico ahí.

Un pormenorizado artículo de Constantino Rojas: Desde los remotos y pequeños poblados: La radio popular en Bolivia, cierra este número de Yachay. Que las radios populares bolivianas democratizan la palabra queda claro, afirma el autor, particularmente a la luz de la historia de las radios mineras (originalmente “autogestionarias, democráticas, populares y participativas”) y campesinas, en Bolivia, desde la revolución del 52 hasta nuestros días. Al multitudinario curso de esa historia han contribuido, de manera protagónica, escribe Rojas, la Iglesia Católica, Educación Radiofónica de Bolivia, ERBOL, y, más recientemente, radios institucionales-campesinas, en las cuales “existe una fuerte relación de trabajo con los comunarios y con sus organizaciones sindicales”.

Tenga usted.

Yachay