![]() |
Sumario
|
Presentación
Sociológicamente, podemos describir la cultura como el conjunto de mediaciones, reales o simbólicas, utilizadas. comunmente por un deterininado pueblo o grupo étnico en la realización y manisfestación de la convivencia social. En este sentido, pueden considerarse como fenómenos culturales el idioma las costumbres, las instituciones familiares, económicas, jurídicas y políticas ti y las expresiones artísticas, folkloricas y religiosas, formando todo ello la idiosincrasia carac característica de un pueblo. Su byacen te a estos fenómenos culturales, se da, explícita o implícitamente, una cosmovisión con su correspondiente jerarquía de valores, constituyéndose, así una peculiar conciencia colectiva que se transmite de generación en generación, Si bien las culturas son tan antiguas como la misma historia de la humanidad, en tiempos recientes se ha despertado un gran interés en tomo a ellas, habiendo surgido importantes estudios etnológicos, antropológicas, sociológicos e históricos que tratan del origen, desarrollo y características de las culturas. Además de este aspecto científico, desde hace pocas décadas las corrientes políticas emancipátorias han promovido la conservación del patrimonio cultural de diversos6 YACHAY, Octubre 1984 grupos sociales como plataforma en la reivindicación de una autonomía total o relativa. También se observa hoy en día un fenómeno de signo contrapuesto hacia la uniformidad cultural, provocada y hasta impuesta por las culturas dominantes de las superpotencias políticas y económicas.
Desde el punto de vista de la fenomenología de la religión, el impacto de la expansión del cristianismo en Occidente y particularmente en América Latina, ha tenido aspectos positivos y negativos. Al lado de aciertos innegables en el respeto y valorización de lo culturas autóctonas un ejemplo muy notable es el de las reducciones jesuitas en el Paraguay y en el Oriente de Bolivia ? , se cometieron también graves errores históricos al no apreciar e incluso al destruir elementos culturales, tildados de paganismo.
Teológicamente ha surgido, sobre todo a partir Concilio Vaticano II un movimiento de revalorización de las culturas en sí mismas y en su relación con la fe cristiana Lejos de considerar a las culturas no cristianizadas como obra del diablo ?tal como algunos misioneros con celo imprudente hicieron en el pasado? la iglesia se esfuerza en reconocer en toda cultura la presencia activa de Dios, creador del hombre a su imagen y semejanza. Esta presencia divina, aunque todavía no sea plena, y ya germinal. De manera misteriosa, pero real, Dios ha plantado por medio de su propio Hijo, las semillas que, harán que cada cultura, según su peculiar ritmo histórico, se abra a la verdad de la Revelación.
En base a esa afirmación fundamental, dos grandes principios deben orientar la relación encontre el Evangelio y las culturas. De una parte, la inculturación del Evangelio que a su vez se complementa en la evangelización de las culturas. El primer principio parte de la observación, hoy en día evidente, de que el Evangelio, en cuanto mensaje humano, no es algo puramente espiritual, sino que necesariamente está inmerso en una determinada lengua y utiliza categorías culturales del ambiente en el que surgió. El Evangelio predicado por Jesús de Nazaret, e? Hijo de Dios hecho hombre de la raza judía, pertenece a esta cultura.
Si Jesús se encarnó en un determinado ámbito cultural, con, cuanta mayor razón la predicación del Evangelio debe ser realizada en las respectivas vas culturas de los oyentes a los cuales se quiere transmitir el mensaje de salvación. Dicho de otra manera, la encarnación del Verbo de Dios implica la inculturación del Evangelio. Es una tarea ingente que incumbe a la Iglesia y de manera especial a todos los llamados a evangelizar. Siguiendo el ejemplo de los présclaros misioneros, citemos entre ellos a Mateo Ricci en China, y a Roberto de Nóbilí en India, que se esforzaron en adaptarse lo más posible a los pueblos en los que vivían, hoy también los agentes de pastoral tienen que tratar de inculturizar el Evangelio.
Ello supone no sólo llegar a conocer la correspondiente lengua vernácula sino ademas apreciar las categorías culturales autóctonas para poder realizar una transculturación fiel de la Palabra de Dios. El agente de pastoral, tanto más si es faráneo, necesita de un arduo período de aprendizaje antes de poder ejercer su misión sin caer en el error tan frecuente de propagar su propia cultura. Es precisa una gran sensibilidad para detectar en profundidad aspectos valiosos en los pueblos a misionar, que a menudo son despreciados por tratarse de países tecnológicamente menos desarrollados. La inculturación correcta implica la apreciación del Evangelio por parte de la respectiva cultura hasta considerarlo como propia.
El segundo principio se refiere a la evangelización de las culturas, ya que éstas como toda obra humana, deben ser criticadas a la luz del Evangelio. De ese discernimiento, para el cual la oración es un elentento tu insustituible, debe brotar el rechazo de los pseudovalores que en mayor o menor medida se hayan infiltrado en los fenómenos culturales y en la misma conciencia colectiva. La tarea de purificación es hoy tal vez más necesaria que nunca, ya que el imperialismo de las culturas dominantes está propagando inescrupulosamente te a través de los medios de comunicación ciertos moldes estereotipados de consumismo, pan ? sexualismo y tecnologismo que están ocasionando una destrucción irreparable de valores au autóctonos tonos.
El Evangelio, lejos de amenazar
el desarrollo. cultural, está llamado a potenciarlo La verdadera salvación
de las culturas radica en su capacidad para aceptar la purificación
de sus posibles errores y, pseudovalores, conservando su idiosincrasia y al
mismo tiempo abriéndose a nuevos horizontes del Evangelio, donde la
fraternidad universal no es simplemente una filantropía humana, sino
la revelación de la paternidad divina en Cristo Jesús.
Dentro de este encuadre teológico presentamos el presente número
de YA YACHAY Y en el cual examinarnos &versos temas en relación
a esta problemática general de Evangelio y culturas, tan importante
en nuestro contexto boliviano.
Sociológicamente, podemos describir la cultura como el conjunto de mediaciones, reales o simbólicas, utilizadas. comunmente por un deterininado pueblo o grupo étnico en la realización y manisfestación de la convivencia social.
En este sentido, pueden considerarse como fenómenos culturales el idioma las costumbres, las instituciones familiares, económicas, jurídicas y políticas ti y las expresiones artísticas, folkloricas y religiosas, formando todo ello la idiosincrasia carac característica de un pueblo. Su byacen te a estos fenómenos culturales, se da, explícita o implícitamente, una cosmovisión con su correspondiente jerarquía de valores, constituyéndose, así una peculiar conciencia colectiva que se transmite de generación en generación, Si bien las culturas son tan antiguas como la misma historia de la humanidad, en tiempos recientes se ha despertado un gran interés en tomo a ellas, habiendo surgido importantes estudios etnológicos, antropológicas, sociológicos e históricos que tratan del origen, desarrollo y características de las culturas. Además de este aspecto científico, desde hace pocas décadas las corrientes políticas emancipátorias han promovido la conservación del patrimonio cultural de diversos6 YACHAY, Octubre 1984 grupos sociales como plataforma en la reivindicación de una autonomía total o relativa. También se observa hoy en día un fenómeno de signo contrapuesto hacia la uniformidad cultural, provocada y hasta impuesta por las culturas dominantes de las superpotencias políticas y económicas.
Desde el punto de vista de la fenomenología de la religión, el impacto de la expansión del cristianismo en Occidente y particularmente en América Latina, ha tenido aspectos positivos y negativos. Al lado de aciertos innegables en el respeto y valorización de lo culturas autóctonas un ejemplo muy notable es el de las reducciones jesuitas en el Paraguay y en el Oriente de Bolivia ? , se cometieron también graves errores históricos al no apreciar e incluso al destruir elementos culturales, tildados de paganismo.
Teológicamente ha surgido, sobre todo a partir Concilio Vaticano II un movimiento de revalorización de las culturas en sí mismas y en su relación con la fe cristiana Lejos de considerar a las culturas no cristianizadas como obra del diablo ?tal como algunos misioneros con celo imprudente hicieron en el pasado? la iglesia se esfuerza en reconocer en toda cultura la presencia activa de Dios, creador del hombre a su imagen y semejanza. Esta presencia divina, aunque todavía no sea plena, y ya germinal. De manera misteriosa, pero real, Dios ha plantado por medio de su propio Hijo, las semillas que, harán que cada cultura, según su peculiar ritmo histórico, se abra a la verdad de la Revelación.
En base a esa afirmación fundamental, dos grandes principios deben orientar la relación encontre el Evangelio y las culturas. De una parte, la inculturación del Evangelio que a su vez se complementa en la evangelización de las culturas. El primer principio parte de la observación, hoy en día evidente, de que el Evangelio, en cuanto mensaje humano, no es algo puramente espiritual, sino que necesariamente está inmerso en una determinada lengua y utiliza categorías culturales del ambiente en el que surgió. El Evangelio predicado por Jesús de Nazaret, e? Hijo de Dios hecho hombre de la raza judía, pertenece a esta cultura.
Si Jesús se encarnó en un determinado ámbito cultural, con, cuanta mayor razón la predicación del Evangelio debe ser realizada en las respectivas vas culturas de los oyentes a los cuales se quiere transmitir el mensaje de salvación. Dicho de otra manera, la encarnación del Verbo de Dios implica la inculturación del Evangelio. Es una tarea ingente que incumbe a la Iglesia y de manera especial a todos los llamados a evangelizar. Siguiendo el ejemplo de los présclaros misioneros, citemos entre ellos a Mateo Ricci en China, y a Roberto de Nóbilí en India, que se esforzaron en adaptarse lo más posible a los pueblos en los que vivían, hoy también los agentes de pastoral tienen que tratar de inculturizar el Evangelio.
Ello supone no sólo llegar a conocer la correspondiente lengua vernácula sino ademas apreciar las categorías culturales autóctonas para poder realizar una transculturación fiel de la Palabra de Dios. El agente de pastoral, tanto más si es faráneo, necesita de un arduo período de aprendizaje antes de poder ejercer su misión sin caer en el error tan frecuente de propagar su propia cultura. Es precisa una gran sensibilidad para detectar en profundidad aspectos valiosos en los pueblos a misionar, que a menudo son despreciados por tratarse de países tecnológicamente menos desarrollados. La inculturación correcta implica la apreciación del Evangelio por parte de la respectiva cultura hasta considerarlo como propia.
El segundo principio se refiere a la evangelización de las culturas, ya que éstas como toda obra humana, deben ser criticadas a la luz del Evangelio. De ese discernimiento, para el cual la oración es un elentento tu insustituible, debe brotar el rechazo de los pseudovalores que en mayor o menor medida se hayan infiltrado en los fenómenos culturales y en la misma conciencia colectiva. La tarea de purificación es hoy tal vez más necesaria que nunca, ya que el imperialismo de las culturas dominantes está propagando inescrupulosamente te a través de los medios de comunicación ciertos moldes estereotipados de consumismo, pan ? sexualismo y tecnologismo que están ocasionando una destrucción irreparable de valores au autóctonos tonos.
El Evangelio, lejos de amenazar
el desarrollo. cultural, está llamado a potenciarlo La verdadera salvación
de las culturas radica en su capacidad para aceptar la purificación
de sus posibles errores y, pseudovalores, conservando su idiosincrasia y al
mismo tiempo abriéndose a nuevos horizontes del Evangelio, donde la
fraternidad universal no es simplemente una filantropía humana, sino
la revelación de la paternidad divina en Cristo Jesús.
Dentro de este encuadre teológico presentamos el presente número
de YA YACHAY Y en el cual examinarnos &versos temas en relación
a esta problemática general de Evangelio y culturas, tan importante
en nuestro contexto boliviano.
Yachay