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Sumario
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Presentación Este número de Yachay ofrece los artículos de filosofía, teología, religiosidad popular, y otros campos culturales, que se reseñan a continuación. En el primero, “Estudios sobre fenomenología existencial”, que recoge lo esencial de la tesis de grado que su autor presentó en el Departamento de Filosofía y Letras de la Universidad Católica Boliviana, Miguel González reflexiona sobre la paradójica condición humana, que transcurre siempre entre lo que ella es y lo que hipotética e imaginariamente podría llegar a ser. Esta paradójica condición conlleva no sólo una disconformidad y desproporción insoslayables en la vida práctica de las personas, sino también una apuesta positiva desde la precariedad de la existencia. El autor encuentra en el conatus, esa idea central de la filosofía de Spinoza, en el eros de la teoría platónica del amor, y en la tradición contemporánea de la fenomenología, el existencialismo y la hermenéutica, recursos valiosos para observar los alcances de aquella apuesta que a pesar de la precariedad y paradoja radicales de la vida humana, no la anula en el sinsentido. A continuación, Miguel Manzanera desarrolla, en “Filosofía de la nostridad. Hacia una hermenéutica de la realidad”, la idea de que la nostridad, como querencia natural humana en el marco del proyecto utópico de la felicidad cuya plenitud se alcanzaría en el “Nosotros Universal Antropoteologal”, tiene, por una parte, “el rango de categoría hermenéutica clave que permite la comprensión y la realización coherente y consistente de la realidad humana, y a través de ella, de la realidad total”, y, por otra, perfecciona al ser humano, en sus dimensiones personales y sociales. Manzanera considera que hermenéutica de la nostridad que él expone aquí puede aportar a diversas elaboraciones de la filosofía del derecho, el liberalismo, la filosofía de la liberación, la bioética, la ecología, y otras disciplinas filosóficas, éticas y teológicas. En “El fragmento 6.1 del poema de Parménides y el comienzo de la metafísica”, Ramiro Salazar examina dos interpretaciones magistrales sobre el comienzo de la metafísica, la de Hegel y la de Heidegger, a la luz de ese verso del filósofo de Elea. La doble significación, nominal y verbal, del participio to on??que indica, simultáneamente, algo que es (ente) y el ser de algo, y enseña por lo mismo “la duplicidad ente y ser en su participación mutua”, sostiene desde Parménides, de un modo esencial, subraya el autor, la pregunta ontológica por el ser del ente, aunque en su transcurso histórico esta misma pregunta pierda de vista esa duplicidad o diferencia radical. Hegel y Heidegger reconocerían en Parménides el inicio de un designio, espiritual y ontológico, que impulsa el desarrollo de sus propias filosofías. Más adelante, en “De lo que no se puede hablar, mejor filosofemos”, Juan Araos observa que el hecho de que no se pueda hablar, aquí y ahora, del bien mismo, no disuade a Sócrates de referirse al sol, “que parece ser hijo del bien, asemejándosele muchísimo”, ni de filosofar “por analogía o semejanza, sobre el bien en sí”, mediante el símil de la línea y la alegoría de la caverna, en los libros VI y VII de La República de Platón. Tampoco el que no se pueda exponer la idea o esencia misma del alma impide decir “a qué se parece ella, esto es dar una imagen verosímil suya”, mediante el mito del carruaje alado y la fenomenología erótica correspondiente, que leemos en el Fedro, mito que también sirve a Platón para referirse “al dios como un ser viviente inmortal”, al lugar supraceleste y a los beneficios del amor. Esta forma de filosofar de manera verosímil, “por analogía y semejanza”, podría integrarse al curso de las experiencias de vida que según la Carta VII familiarizan a las personas con los asuntos de que dialogan, y les permiten, llegado el caso, enterarse verdaderamente de ellos, más allá (o más acá) de las palabras que usen al hacerlo. La sección teológica de este número de Yachay la inaugura un trabajo de Eduardo Arens, “El cordero y el dragón: El Apocalipsis, ¿una teología política?”, que destaca la importancia que tiene considerar la situación vital e ideológica del género apocalíptico para responder a la pregunta por lo que Juan propugnaba y defendía en su Apocalipsis. El lenguaje de este libro nos muestra, entre otras cosas, señala Arens, numerosos términos “provenientes del mundo político y afines”; contraposiciones o antagonismos muy marcados (como los del Cordero y la bestia, de Jerusalén y Babilonia), que simbolizan los reinados de Dios y de Satanás y otras tantas cuestiones de poder y soberanía; una terminología cultual; y la actitud anticristiana de Roma; que dan cuenta de la mencionada situación a la vez que enseñan el marco “profundamente político”, de dicho género. El reinado de Dios, soberano y liberador, y toda la Cristología, del Apocalipsis de Juan, significarían principalmente, en este contexto, el triunfo de la justicia de Cristo sobre “los poderes políticos y económicos opresores” de la humanidad, no la destrucción de este mundo. En “Religiosidad popular y espiritualidad de inserción”, Enrique Jordá elabora el tema que da título a su artículo desde la propia experiencia que él tiene con la gente mojeña que habita “las pampas centrales del departamento del Beni”. Los conceptos de religiosidad popular y de vida religiosa, le permiten al autor observar, realista y esperanzadamente, la realidad de Mojos, y la presencia en ella de sacerdotes y religiosos, cuyas opciones de vida y compromisos de fe “con el mundo mojeño nativo”, él revisa y valora, en el marco de actuales, y posibles, modalidades eclesiásticas de inserción en la religiosidad popular y en la vida íntegra del pueblo mojeño, “viviendo apasionadamente la experiencia pascual de paso constante de muerte a la vida”. Armando Sejas pondera, por su parte, en “Presentación del arzobispo San Alberto como pastor y educador del pueblo”, la labor educativa y pastoral de José Antonio de San Alberto, el fraile carmelita descalzo que a fines del período indiano propone una formación sacerdotal continua, espiritual y pedagógica, en Charcas, donde fue arzobispo entre 1785 y 1804. En ese lapso San Alberto funda el convictorio de Oratorianos, el colegio de Niñas Huérfanas de la Plata, y otro colegio en Catamarca. También escribe numerosas cartas pastorales y diversos textos, porque a su juicio las palabras en las cartas y los libros “son más permanentes y por lo mismo tal vez más vivas y más eficaces [que las dichas en el púlpito] para persuadir, mover y conmover los corazones”. Diego Irarrazaval revisa después, en “Diferencias e interculturaciones”, la agenda multiculturalista “que favorece el status quo”, y se pronuncia personalmente a favor de “un genuino entrecruzamiento cultural” que beneficie la vida plena, libre y alegre, de nuestros pueblos. El proceso de inculturación habría de ser replanteado entonces -más allá de un conjunto de hechos, una norma de la cultura hegemónica, un modo de ser popular, o un proyecto emancipador- desde “sensibilidades y proyectos de pueblos marginados”, que sumen fuerzas populares y culturales “diferentes y correlacionadas”, para resistir “al gigante” y construir la identidad y la organización indígenas y mestizas, a distintos niveles. Al final de su trabajo, el autor propone algunas “líneas de acción en lo local/global”, relacionadas, por ejemplo, con el respeto a la biodiversidad, la educación y el mestizaje. Cierra este número de Yachay la amplia reseña que Roy Querejazu, hace de “La historia cultural de los indígenas sudamericanos de Erland Nordenskiöld”, una obra más de setenta años sin editar, de ste importante etnógrafo sueco, “el principal erudito de la etnografía y la historia cultural sudamericana de su época”. En el libro, de 34 capítulos, Nordenskiöld aborda el complejo mundo de las culturas precolombinas y algunos de los cambios experimentados por ellas desde la llegada de los europeos al continente, atendiendo una amplia variedad de temas, desde el uso del fuego a la medicina, desde la cacería a la decoración, sobre la base de datos obtenidos a principios del siglo XX. Roy Querejazu ejemplifica el libro de Nordenskiöld con datos biográficos y bibliográficos de éste, y numerosos casos tomados de los yuracarés. Redacción Yachay
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