"YACHAY" Año 20 No. 37, 2003

Sumario

5-8
Presentación
Yachay
9-26
Carta inédita del jesuita José Rodriguez, misionero en Chiquitos.
Roberto Tomichá, OFM
27-46
Nina - nina: Devoto de la Virgen del Socavón.
Ricardo Silva, OSM
47-54
Contribución de la Dei Verbum a la renovación teológica y pastoral de la iglesia.
Miguel Manzanera, SJ
55-72
La Trinidad: Gracia de comunión. Acercamiento admirado al Dios cristiano.
Jesús Moreno
73-84
La inculturación: Una cuestión de cristología. La cristología y sus implicaciones misionológicas. Una perspectiva latinoamericana.
Juan Gorski, MM
85-94
El repartimiento de Sipe Sipe. Apuntes para la historia colonial temprana de Cochabamba.
Cecilia Eróstegui
95-104
Realidad lingüística de Moxos. Grandeza de un pueblo a través de sus idiomas.
Enrique jordá, SJ
105-124
Idiosincracia y costumbres de los cambas.
Gustavo Pinto
125-137
Postmodernidad, crisis de valores, formación ética.
Juan Bailly

Presentación

Este número de Yachay incluye los artículos de misionología, mariología, exégesis bíblica, teología, etnohistoria, antropología cultural y filosofía, que reseñamos a continuación.

En el primero, “Carta inédita del jesuita José Rodríguez, misionero en Chiquitos (10/X/1742)”, Roberto Tomichá presenta, con el auxilio de “fuentes manuscritas e inéditas existentes en diversos archivos europeos y americanos consultados”, una carta autógrafa del misionero jesuita español José Rodríguez a su hermano Francisco Antonio, en octubre de 1742. El documento, que se publica por primera vez y ofrece valiosos recursos para estudiar “la región cruceña y chiquitana”, va precedido aquí por una breve biografía del padre Rodríguez e información sobre el contexto social y religioso en el cual le tocó vivir, además de detalles del manuscrito, que se conserva en el Archivo Histórico de la Provincia jesuítica de Toledo. Por la carta de Rodríguez sabemos, entre otras cosas, que esa época él lleva trece años en la Chiquitanía, y que ha trabajado en cuatro reducciones de la región, donde se halla “gustoso” en su actividad misional, a pesar de las difíciles condiciones ambientales y algunas dificultades de su propio carácter.

En “Nina-Nina: Devoto de la Virgen del Socavón”, Ricardo Silva hace, por su parte, una crítica interna del texto de la leyenda del Nina-Nina, que para efectos de su análisis distribuye en cuatro cuadros y tres secciones intermedias, y transcribe añadiendo una letra minúscula al principio de cada riga. Luego de presentar algunas delimitaciones cronológicas y topográficas de dicho texto, Silva se refiere a la cultura de su autor (que habría sido un sacerdote) y recorre la estructura de la obra, siguiendo, con aquél, “los movimientos de Anselmo Belarmino” el legendario sábado de carnaval de 1789, desde su peregrinaje hacia el Pié de Gallo hasta la revelación final de Anselmo como el Nina Nina y de la joven que lo auxilia como la Virgen de la Candelaria. Destaca también, paso a paso, varias funciones de cada cuadro y de cada sección intermedia, del relato, cuya verdadera protagonista sería, como el título del artículo lo anticipa, la Virgen del Socavón.

Miguel Manzanera muestra después, en “Contribución de la Dei Verbum a la renovación teológica y pastoral de la Iglesia”, aportes notables de la Constitución Dogmática Dei Verbum, a: la difusión de la Biblia; los vínculos entre Biblia, tradición y magisterio, como cauces complementarios “de la única fuente de la revelación divina”; y a la fundamentación bíblica de la teología y de la moral. Desde su aprobación, en diciembre de 1965, casi al finalizar el Concilio Vaticano II, la Dei Verbum ha facilitado con ello, señala Manzanera, “la renovación teológica y pastoral de la vida de la Iglesia”, y ha venido a constituirse en uno de los documentos más influyentes producidos por aquel Concilio.

Más adelante, Jesús Moreno subraya, en “La Trinidad: Gracia de comunión. Acercamiento admirado al Dios cristiano”, que aunque la palabra “Trinidad” no se encuentra en la Biblia, todo el cristianismo tiene una filiación esencialmente trinitaria: “La Trinidad está en el centro del Evangelio y del mensaje fundacional del cristianismo. La fe pascual es la confesión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Y como cada Persona de la Trinidad es por, con, en y para, las otras dos, cabe decir que el Misterio del caso sea, escribe Moreno, un Misterio de comunión, al cual “[h]emos sido incorporados” de un modo que excede con mucho la simple solidaridad, como “un don [...] concedido por el puro Amor que la Trinidad es.” Dicha misteriosa comunión da, piensa el autor, el horizonte y la tarea más abarcadores de la convivencia humana.

La evangelización de grupos que puedan formar Iglesias arraigadas en sus propias y diversas culturas, y el desafío de que esas Iglesias trasciendan sus fronteras, las dos preocupaciones misionológicas principales en América Latina hoy, según Juan Gorski, son abordadas por éste, en “La inculturación: una cuestión de cristología. La cristología y sus implicaciones misionológicas. Una perspectiva latinoamericana”, a la luz de una idea de inculturación de índole cristológica y pascual, que postula la presencia activa del Espíritu incluso entre quienes no hubiesen sido evangelizados aún, “atrayéndolos a Cristo”, y “el diálogo continuo entre la fe cristiana y la cultura”. En este marco, la Iglesia misionera capacitaría a las personas y a los pueblos “para participar en la salvación de un modo consciente, inteligente, libre, responsable, gozoso y devoto, desde su identidad y vitalidad culturales”, pues “el Espíritu que actúa en las culturas no es otro que el mismo Espíritu de Cristo resucitado”.

La antropóloga Cecilia Eróstegui recorre después, en “El repartimiento de Sipe Sipe. Apuntes para la historia colonial temprana de Cochabamba”, algunos expedientes que dan cuenta de la colonia temprana del valle de Cochabamba, particularmente del repartimiento de Sipe Sipe, y expone ciertos reveladores antecedentes que observa ya en la expansión incaica de fines del siglo XV hacia territorios aymaras de la zona. Diversos grupos étnicos aymaras de ésta fueron, en efecto, aliándose y tributando al incanato esa época. En la sociedad hispano indígena que surgía, el repartimiento de Sipe Sipe tuvo una importancia jurídica y económica relevante. Revisar, entre otras cosas, las causas judiciales que testimonian cómo poco a poco los cacique e indios del lugar “fueron perdiendo [...] sus tierras”, permitiría, sostiene la autora, “saber qué pasó” con el vasto territorio simbólico que articulaba ese repartimiento.

Enrique Jordá ofrece, en “Realidad lingüística de Moxos. Grandeza de un pueblo a través de sus idiomas”, una breve noticia introductoria sobre las más remotas localizaciones de la familia lingüística arawak en América Central y del Sur. Posteriormente se detiene en la arraigada presencia de esa lengua en el Gran Moxos de Bolivia, y registra una abundante bibliografía disponible sobre ella. Obras de los siglos XVII y XVIII, del Padre Pedro Marbán, de Felipe Salvador Gilij, el abate Lorenzo Hervás; gramáticas y diccionarios mojos del siglo XX; y otras publicaciones; le permiten observar “cuánto se ha ganado en el conocimiento de los idiomas moxos desde las apreciaciones de Marbán hasta las de Olza”, y declarar su bien arraigado deseo de “que ninguno de estos pueblos pierda su orgullo de pueblo sabio y noble.”

A partir de textos escogidos y aspectos relevantes de la cultura singular que observa y de su propia experiencia personal, Gustavo Pinto escribe sobre la idiosincrasia y costumbres de los cambas desde fines del siglo XVIII hasta nuestros días. Su artículo “Idiosincrasia y costumbres de los cambas” presenta un breve inventario de las vestimentas, peinados, adornos, recursos naturales, usos festivos, tipos de viviendas y hábitos urbanísticos, de aquellos pobladores antiguos de lo que hoy es Bolivia, especialmente de los cruceños y mojeños; revisa efectos, que considera más bien negativos, de las instituciones coloniales y republicanas, en el progresivo mestizaje de ellos; y concluye con una extensa enumeración de rasgos psicológicos y conductuales de la gente del oriente boliviano, y dos breves composiciones literarias del autor.

Finaliza esta entrega de Yachay con un trabajo de Juan Bailly: “Postmodernidad, crisis de valores, formación ética”. En él Bailly cuestiona, desde una óptica cristiana, aspectos relevantes (neoliberalismo, globalización) de la llamada postmodernidad, observando especialmente sus repercusiones en Bolivia luego de la promulgación del Decreto 21060. Acerca de la crisis nacional de valores, Bailly menciona algunas de sus características y causas, en el marco de lo que el proyecto postmoderno privilegia, y contrasta esto con aportes (más o menos virtuales) de cierta cultura alternativa de resistencia que, promovida por la filosofía de la liberación y el humanismo personalista, apunta hacia una renovada educación en valores.

Redacción Yachay