Presentación
Este número de yachay ofrece los artículos de filosofía, teología,
antropología y crítica literaria, que reseñamos a continuación
"...a partir de Platón” explora lo que Juan Araos llama “una
suerte de vocación o gesto filosófico inicial comunes a Levinas y a
Platón”, en cuanto ambos filósofos valoran de un modo análogo “lo
más allá de la esencia” y con ello asumen también, entre otras cosas,
que no todo sentido remite a la experiencia, “a opiniones y designios
culturales e históricos, diversos”. La superioridad de la idea del bien
en el pensamiento de Platón, y el rango que en el de Levinas tiene “elético desinterés del uno-para-el-otro del sujeto”, donde “se urde la
intriga humana [...] y la subjetividad se legitima”, por ejemplo,
parecen entonces homologables en más de un sentido. Unas lìneas
centrales del texto señalan que en Levinas la subjetividad humana no
se identifica con la conciencia de sí ni con el sujeto moderno de las
ciencias y de la ontología, “sino con el simple sujeto humano sensible,íntegramente deudor y responsable”, que situado “en la proximidad
misma del prójimo” revalora la excelencia filosófica de una sabiduría
confundida “con la duración misma y el puro envejecimiento de uno”
y con la aptitud consiguiente para el juicio moral en el que se revela“lo trascendente o infinito en mí.”
El primero de los artículos teológicos que presentamos, “María,
mujer eucarística”, de Miguel Manzanera, revisa el vínculo “poco
explorado en la teología” entre la Eucaristía y la Virgen María, a
partir de ciertas orientaciones mariológicas del Concilio Vaticano II,
el papa Pablo VI y, sobre todo, el papa Juan Pablo II, al cual
Manzanera llama “Papa de la Eucaristía”. Según éste, el profundo
carácter eucarístico de María lo testimonia no sólo el hecho verosímil
de haber participado ella en las ceremonias “de la fracción del pan”,
sino el ejemplo de su vida. Pues María, según Juan Pablo II, recuerda
Manzanera, “es mujer eucarística con toda su vida”. Su amor materno
se presenta entonces como “modelo del amor con el que el fiel acoja a
Jesús sacramentado cuando viene a su cuerpo”. Con su experiencia del
sacrificio redentor de Cristo, el mismo fiel podrá interpretar la nueva
alianza entre Jesús y la Iglesia “en clave nupcial referida a la Virgen
María”, cuya figura de “Madre de la Iglesia y Esposa del Redentor”
se hace “más clara en el Calvario”, afirma el autor.
“El Espíritu Santo en el mundo de hoy: dador de la vida e
impulsor de la misión ad gentes”, de Juan Gorski, formula más
adelante “seis tesis sobre la acción universal del Espíritu Santo y la
teología de la revelación”, en el marco de la misión ad gentes de la
Iglesia Católica latinoamericana. El punto de partida de esta teología
pertenece, según Gorski, menos al orden de las proposiciones
dogmáticas que al del acontecimiento de “la acción salvífica de Dios
en la historia humana”, del cual el diálogo llamado inculturación,“entre la fe cristiana y las culturas”, apoyado en la actividad
misionera y el testimonio histórico de la Iglesia, daría un testimonio
sobresaliente y confirmaría una y otra vez la relevancia misionera del
Espíritu que atrae “a todos a participar en el misterio pascual de
Cristo”.
En “¿Hacia dónde va la teología del siglo XXI? Temas,
problemas y prospectivas. El rol social y eclesial del teólogo”, Arturo
Moscoso escribe que aunque inseparables en el fondo uno de otro, el
rol social y el rol eclesial, del teólogo, pueden ser distinguidos entre sí.
El primero demanda sobre todo una formación científica y filosófica
tal que incorpore “elementos económicos, bloques sociales,
conocimiento ecológico, antropológico, incluso médico y/o de derecho”
al quehacer del teólogo, y lo arraigue en la vida natural, civil,
ciudadana, societaria, rica en humanidad, de la gente común,
particularmente de los pobres, capaces como pocos, insiste Moscoso,
de fraternidad humana y sabiduría. El segundo orienta la actividad
teológica en la dirección de la pastoral cotidiana, la formación
teológica de los laicos en las comunidades, la independencia económica
y el pensamiento auténtico, sensible a los tiempos actuales, de la
Iglesia latinoamericana, y profundiza así las raíces espirituales y
místicas de la teología, “pues un teólogo no podría ser teólogo si no
vive en espiritualidad”.
Los artículos “Ethe caseros: Atuq y Quwi en la cultura quechua
cochabambina”, de Cesar Maldonado, y “Compadres y comadres.
Festejo, competencia y relaciones de género en el Carnaval Chapaco”,
de Daniel Vacaflores, destacan, por su parte, aspectos antropológicos
narrativos, éticos, carnavaleros, quechuas y chapacos, peculiares de la
cultura boliviana.
El de César Maldonado trata narraciones orales colectivas sobre
Atuq (Zorro) y Quwi (Conejo de Indias), útiles para esclarecer el ethos
quechua cochabambino. Como éste no rehúye “la pedagogía de
escuchar y de decir [...] ‘cuentitos’” cuyos personajes adoptan
frecuentemente caracteres y comportamientos morales típicos, valores
propios y maneras recurrentes de ser y de proceder, Maldonado aborda
dos cuerpos de relatos, de creación colectiva, referidos a Atuq y a
Quwi, que ponen a la luz: el “ethos solitario, de imposición, no de
diálogo,” de Atuq; el ethos comunicativo, comunitario, de Quwi; y la
relación entre ambos, siempre vital y dinámica. Piensa el autor que en
esas narraciones la cultura quechua del valle de Cochabamba se
pronuncia sobre lo correcto y lo incorrecto, lo permitido y lo prohibido,
lo posible y lo imposible, y cosas así, de una manera más vigorosa “que
la simple inquietud ‘civilizadora’” que separa o tiende a separar,
drásticamente, mito y logos, metáforas y realidad.
El artículo de Daniel Vacaflores aborda el tema del
compadrazgo chapaco, en el contexto, principalmente, de las
relaciones de género que se manifiestan en las fiestas carnavaleras de
Compadres y Comadres, celebradas en Tarija por la mayoría de la
población. Vacaflores perfila en él algunas características y momentos
rituales propios de los compadrazgos tarijeños “de intercambio”, “de
torta” y “de wawa”; de los Jueves de Compadres y los Jueves de
Comadres; y reconoce en esas extendidas prácticas colectivas la
intención no sólo de construir “una identidad regional que trata de
oponerse a lo ‘andino’” aunque la cultura campesina de Tarija, cuna
del compadrazgo chapaco, tenga “fuertes raíces andinas”, sino
también de marcar relaciones “de competencia entre compadres y
comadres”, periódicas pugnas de género por el inestable poder que
tiende y distiende los vínculos “entre ambos sexos”.
En el texto que cierra este número de yachay, Martha Rivera
Sánchez ejemplifica y analiza recursos “presentativos” y“significativos” usados por Pablo Neruda en el poema “El sur del
océano”, de Residencia en la tierra. Una lectura orientada por la
observación cuidadosa de tales recursos: encabalgamientos,
concatenaciones, iteraciones, acumulaciones caóticas, y otros, por un
lado; factores miméticos, expresivos y connotativos, por otro; nos
facilitará, escribe Rivera, el acercamiento a los muchos significados de“El sur del océano” y al autor del poema, poniéndonos “en contacto
con él” y permitiéndonos participar “de su sentimiento de desolación,
de impotencia, de angustia”, a la vez que percibir “su visión pesimista
de la existencia y la concepción de su cosmogonía”, “al menos en esta
etapa de su vida”.
Redacción Yachay
|