"YACHAY" Año 23 No. 44, 2006

Sumario

Presentación Yachay
...a partir de Platón Juan Araos Úzqueda
María, mujer eucarística Miguel Manzanera, sj
El Espíritu Santo en el mundo de hoy: dador de la vida e impulsor de la misión ad gentes Juan Gorski, M.M.
¿Hacia dónde va la teología del siglo XXI? Temas, problemas y prospectivas. El rol social y eclesial del teólogo Arturo Moscoso Pacheco, sj
Ethe caseros: atuq y quwi en la cultura quechua cochabambina César Maldonado, sj
Compadres y comadres. Festejo, competencia y relaciones de género en el Carnaval Chapaco Daniel Vacaflores
“El sur del océano”: un acercamiento fenomenológico Martha Rivera Sánchez

Presentación

Este número de yachay ofrece los artículos de filosofía, teología, antropología y crítica literaria, que reseñamos a continuación

"...a partir de Platón” explora lo que Juan Araos llama “una suerte de vocación o gesto filosófico inicial comunes a Levinas y a Platón”, en cuanto ambos filósofos valoran de un modo análogo “lo más allá de la esencia” y con ello asumen también, entre otras cosas, que no todo sentido remite a la experiencia, “a opiniones y designios culturales e históricos, diversos”. La superioridad de la idea del bien en el pensamiento de Platón, y el rango que en el de Levinas tiene “elético desinterés del uno-para-el-otro del sujeto”, donde “se urde la intriga humana [...] y la subjetividad se legitima”, por ejemplo, parecen entonces homologables en más de un sentido. Unas lìneas centrales del texto señalan que en Levinas la subjetividad humana no se identifica con la conciencia de sí ni con el sujeto moderno de las ciencias y de la ontología, “sino con el simple sujeto humano sensible,íntegramente deudor y responsable”, que situado “en la proximidad misma del prójimo” revalora la excelencia filosófica de una sabiduría confundida “con la duración misma y el puro envejecimiento de uno” y con la aptitud consiguiente para el juicio moral en el que se revela“lo trascendente o infinito en mí.”

El primero de los artículos teológicos que presentamos, “María, mujer eucarística”, de Miguel Manzanera, revisa el vínculo “poco explorado en la teología” entre la Eucaristía y la Virgen María, a partir de ciertas orientaciones mariológicas del Concilio Vaticano II, el papa Pablo VI y, sobre todo, el papa Juan Pablo II, al cual Manzanera llama “Papa de la Eucaristía”. Según éste, el profundo carácter eucarístico de María lo testimonia no sólo el hecho verosímil de haber participado ella en las ceremonias “de la fracción del pan”, sino el ejemplo de su vida. Pues María, según Juan Pablo II, recuerda Manzanera, “es mujer eucarística con toda su vida”. Su amor materno se presenta entonces como “modelo del amor con el que el fiel acoja a Jesús sacramentado cuando viene a su cuerpo”. Con su experiencia del sacrificio redentor de Cristo, el mismo fiel podrá interpretar la nueva alianza entre Jesús y la Iglesia “en clave nupcial referida a la Virgen María”, cuya figura de “Madre de la Iglesia y Esposa del Redentor” se hace “más clara en el Calvario”, afirma el autor.

“El Espíritu Santo en el mundo de hoy: dador de la vida e impulsor de la misión ad gentes”, de Juan Gorski, formula más adelante “seis tesis sobre la acción universal del Espíritu Santo y la teología de la revelación”, en el marco de la misión ad gentes de la Iglesia Católica latinoamericana. El punto de partida de esta teología pertenece, según Gorski, menos al orden de las proposiciones dogmáticas que al del acontecimiento de “la acción salvífica de Dios en la historia humana”, del cual el diálogo llamado inculturación,“entre la fe cristiana y las culturas”, apoyado en la actividad misionera y el testimonio histórico de la Iglesia, daría un testimonio sobresaliente y confirmaría una y otra vez la relevancia misionera del Espíritu que atrae “a todos a participar en el misterio pascual de Cristo”.

En “¿Hacia dónde va la teología del siglo XXI? Temas, problemas y prospectivas. El rol social y eclesial del teólogo”, Arturo Moscoso escribe que aunque inseparables en el fondo uno de otro, el rol social y el rol eclesial, del teólogo, pueden ser distinguidos entre sí. El primero demanda sobre todo una formación científica y filosófica
tal que incorpore “elementos económicos, bloques sociales, conocimiento ecológico, antropológico, incluso médico y/o de derecho” al quehacer del teólogo, y lo arraigue en la vida natural, civil, ciudadana, societaria, rica en humanidad, de la gente común, particularmente de los pobres, capaces como pocos, insiste Moscoso, de fraternidad humana y sabiduría. El segundo orienta la actividad teológica en la dirección de la pastoral cotidiana, la formación teológica de los laicos en las comunidades, la independencia económica y el pensamiento auténtico, sensible a los tiempos actuales, de la Iglesia latinoamericana, y profundiza así las raíces espirituales y místicas de la teología, “pues un teólogo no podría ser teólogo si no vive en espiritualidad”.

Los artículos “Ethe caseros: Atuq y Quwi en la cultura quechua cochabambina”, de Cesar Maldonado, y “Compadres y comadres. Festejo, competencia y relaciones de género en el Carnaval Chapaco”, de Daniel Vacaflores, destacan, por su parte, aspectos antropológicos narrativos, éticos, carnavaleros, quechuas y chapacos, peculiares de la cultura boliviana.

El de César Maldonado trata narraciones orales colectivas sobre Atuq (Zorro) y Quwi (Conejo de Indias), útiles para esclarecer el ethos quechua cochabambino. Como éste no rehúye “la pedagogía de escuchar y de decir [...] ‘cuentitos’” cuyos personajes adoptan frecuentemente caracteres y comportamientos morales típicos, valores propios y maneras recurrentes de ser y de proceder, Maldonado aborda dos cuerpos de relatos, de creación colectiva, referidos a Atuq y a Quwi, que ponen a la luz: el “ethos solitario, de imposición, no de diálogo,” de Atuq; el ethos comunicativo, comunitario, de Quwi; y la relación entre ambos, siempre vital y dinámica. Piensa el autor que en esas narraciones la cultura quechua del valle de Cochabamba se pronuncia sobre lo correcto y lo incorrecto, lo permitido y lo prohibido, lo posible y lo imposible, y cosas así, de una manera más vigorosa “que la simple inquietud ‘civilizadora’” que separa o tiende a separar, drásticamente, mito y logos, metáforas y realidad.

El artículo de Daniel Vacaflores aborda el tema del compadrazgo chapaco, en el contexto, principalmente, de las relaciones de género que se manifiestan en las fiestas carnavaleras de Compadres y Comadres, celebradas en Tarija por la mayoría de la población. Vacaflores perfila en él algunas características y momentos rituales propios de los compadrazgos tarijeños “de intercambio”, “de torta” y “de wawa”; de los Jueves de Compadres y los Jueves de Comadres; y reconoce en esas extendidas prácticas colectivas la intención no sólo de construir “una identidad regional que trata de oponerse a lo ‘andino’” aunque la cultura campesina de Tarija, cuna del compadrazgo chapaco, tenga “fuertes raíces andinas”, sino también de marcar relaciones “de competencia entre compadres y comadres”, periódicas pugnas de género por el inestable poder que tiende y distiende los vínculos “entre ambos sexos”.

En el texto que cierra este número de yachay, Martha Rivera Sánchez ejemplifica y analiza recursos “presentativos” y“significativos” usados por Pablo Neruda en el poema “El sur del océano”, de Residencia en la tierra. Una lectura orientada por la observación cuidadosa de tales recursos: encabalgamientos, concatenaciones, iteraciones, acumulaciones caóticas, y otros, por un lado; factores miméticos, expresivos y connotativos, por otro; nos facilitará, escribe Rivera, el acercamiento a los muchos significados de“El sur del océano” y al autor del poema, poniéndonos “en contacto con él” y permitiéndonos participar “de su sentimiento de desolación, de impotencia, de angustia”, a la vez que percibir “su visión pesimista de la existencia y la concepción de su cosmogonía”, “al menos en esta etapa de su vida”.

Redacción Yachay