Presentación
Siete artículos, de misionología, historia, crítica literaria y
filosofía, que reseñamos a continuación, ofrece este número de
yachay.
En el primero, “Cómo la actividad misionera exige replantear la
metodología teológica”, Juan Gorski distingue brevemente las
actividades misionera y pastoral de la Iglesia Católica, y luego expone
su punto de vista sobre las relaciones entre la multiplicidad de los
pueblos y sus diversas expresiones teológicas. Todos los pueblos
participan, escribe Gorski, “del misterio pascual de Cristo”. La
historia conlleva tanto “la presencia y acción de Dios” en ella, como la
experiencia humana, que las diversas culturas expresan, de esa
presencia activa y salvadora. Las prácticas (a) de las comunidades
apostólicas, (b) de la vida religiosa y cultural de los pueblos y (c) de la
Iglesia universal, integran un “diálogo tripolar”, marcado por una
triple fidelidad correlativa, subraya el autor, quien recalca también
que la teología inculturada y la actividad misionera contribuirán
mejor a ese diálogo en cuanto conciban la salvación no sólo como algo
relativo a “las almas de los individuos después de la muerte” sino como
una tarea “que se realiza aquí y ahora, en la historia, con la
participación humana consciente, libre, responsable, generosa y
gozosa”.
Roberto Tomichá presenta, por su parte, en “Buena noticia e
interacción cultural en América Latina y el Caribe. Algunas
consideraciones”, un panorama de la historia de la Iglesia “en su
relación con las culturas ancestrales y emergentes del continente”,
observando en especial el modo “como la jerarquía eclesiástica ha
abordado” la interacción cultural, y la propuesta evangélica que la
Iglesia hace a los pueblos de este lado del mundo. Registra para ello,
a partir de documentos oficiales de una y otra latitudes, cuatro
momentos que le parecen decisivos: (1) del Concilio Limense (s. XVI)
a la I Conferencia General de Río de Janeiro (1955); (2) del Concilio
Vaticano II a la Conferencia de Puebla (1979); (3) de la Conferencia
de Puebla al II Congreso Misionero Americano (2003); y (4) de este II
Congreso a la Conferencia de Aparecida, de la cual resume el discurso
inaugural de Benedicto XVI y pondera los principales
pronunciamientos sobre el cambio cultural en América Latina y el
Caribe, aunque a su juicio éstos no explican suficientemente los
aportes “de las culturas a la teología, espiritualidad, expresiones
litúrgicas, ni tanto menos a la organización, estructura o espacios de
decisión eclesiástica”. Una misionología latinoamericana idónea
conjugará, en este contexto, sostiene Tomichá, la centralidad de la
Vida y del Reino, en cada Iglesia local, donde el “fuerte sentido de la
cercanía personal y del misterio, de Dios” brinda recursos suficientes
para emprender con buen éxito el desafío “de la interacción cultural en
este cambio de época que vive el mundo”.
Miguel Manzanera examina después, en “Ética familiar y
bioética en el Documento de Aparecida”, “los aspectos de moral sexual
familiar y de bioética”, de dicho documento cuyo trasfondo
metodológico queda resumido en la fórmula hermenéutica “proclamar,
ver, juzgar y actuar”. Manzanera condensa las tres partes y los diez
capítulos del escrito de Aparecida, antes de presentar con más detalle
temas que él considera relevantes en esos capítulos: rechazo “de la
ideología de género”; rechazo de las uniones homosexuales (aunque “el
documento no trate el tema de la homosexualidad y ni siquiera lo
mencione”); rechazo de “los derechos sexuales y reproductivos”.
Manzanera insiste en que este triple rechazo se corresponde con la
afirmación de la familia y el matrimonio cristianos y de la“procreación natural responsable”, ejes decisivos de una pastoral
familiar que según él se adherirá sin reservas a la “cultura de la vida”
propugnada por los obispos reunidos en Aparecida o fracasará en su
intento.
En “Asociacionismo y devoción. Notas sobre la cofradía de
Nuestra Señora de las Mercedes (Cochabamba, siglos XVIII-XIX)”,
Alber Quispe perfila de manera general las características socioeconómicas
de esa cofradía, “y en menor medida sus manifestaciones
en la religiosidad popular”, como una forma de aproximarse “a la
trama cofradiera en Cochabamba”, tan antigua o más que la misma
ciudad. Se refiere entonces a la fundación (no muy regular) y a la
organización interna (poco reglamentada) de la entidad, registrando
la lista de sus mayordomos entre los siglos XVIII y XIX, y algunos
deberes y atribuciones de ellos. Indaga también la participación de los
cofrades en la cofradía, y el origen y cuantía de los ingresos y egresos,
de ésta, “destinados principalmente a costear las fiestas de la Señora
de las Mercedes celebradas anualmente cada 24 de septiembre”. “Al
parecer, concluye Quispe, en estos suelos, las cofradías no tenían un
papel marginal sino, por el contrario, estaban muy inmersas en
diversas facetas de la vida colonial”.
Martha Rivera Sánchez destaca más adelante, en “Hacia una
reivindicación de la experiencia estética en Presencias Reales”, la
importancia que George Steiner reconoce a ciertas cuestiones estéticas
e incluso teológicas, como facilitadoras de la comprensión textual en
el campo de los estudios críticos y literarios. Reseña con ese fin la
filosofía del lenguaje del autor francés, sobre la base de Presencias
Reales y otras obras, en una especie de prolijo contrapunto con la
lingüística estructural y la deconstrucción contemporáneas. Entre los
rasgos de esa filosofía, de índole marcadamente fenomenológica y
hermenéutica, que su lectura pone de relieve, observemos los
siguientes: consonancia entre palabra y mundo; valor insoslayable de
diversos niveles de interpretación; veracidad (semántica, existencial,
ontológica) de la experiencia estética; apuesta metafísica por el
sentido. Rivera piensa que para esta apuesta radical la “otredad”
inscrita en la obra de arte, consiste en “una realidad trascendente”,
que si bien se instaura como un objeto que puede ser deconstruido,
resulta invulnerable a la luz de “categorías evidentes y de sentido
común” reveladas en el fenómeno estético tal como Steiner lo entiende.
“La fiesta como interrupción del tiempo lineal”, de Richard
Trewhella, postula que la fiesta, como tiempo privilegiado que es,“recrea la memoria y la identidad de los pueblos”, de manera que los
cambios en la experiencia que se tenga de ella, indican por lo general
mudanzas identitarias importantes “a nivel de las comunidades”.
Trewhella recurre a la filosofía de la historia de Walter Benjamin y a
consideraciones teóricas de Mircea Eliade, para desarrollar esa
hipótesis de su texto sobre el escenario, familiar para él y para muchos
de nosotros, de lo que llama “el caso de Bolivia”. Benjamin “intuyó
lúcidamente, escribe Trewhella, los desastres a los que conducirían las
doctrinas históricas del progreso”, y las miserias del historicismo que
fija el pasado lejos de modo que los poderosos de ayer perduren hoy
igual que antes, cuando la verdad es que “el pasado debe venir al
presente, pero para trastocarlo profundamente”, hecho historia
memoriosa y despierta en “los sujetos injustamente olvidados” cuya
práctica interrumpe, llegado el caso, “la fatal marcha del progreso
inhumano”, el tiempo lineal que fluye al ritmo del trabajo forzado, la
disciplina ordinaria que proscribe (pero nunca del todo), lo ritual,
consagratorio, festivo, en lo cual la realidad se revela y se recrea.
Cierra este número de yachay “De identidades,
(trans)migraciones y cambios de vida”, de Juan Araos Úzqueda. El
texto recuerda el mito de Er, narrado por Sócrates al final de La
República, del que cada lector “tomará lo que a su juicio corresponda”.
Araos declara en él su expectativa de que ese relato de Sócrates sirva
para pensar no sólo las cosas señaladas en el título de su ensayo sino
también otras como elección de vida, destino personal, virtudes éticas,
libre albedrío, vida buena, promesa, fidelidad, humanas, y otras que
cabría incluir en una agenda filosófica útil aunque “inmensurable y
como en expansión permanente”, sobre temas que nos conciernen.
Pues aunque el platónico Sócrates “no creyese al pie de la letra en
destinos y cursos de vida, individuales” como los que describe en el
libro X de La República y en otros diálogos, “sí creía, corría el bello
riesgo de creer, en algo semejante o análogo a esos destinos y cursos de
vida”, y aquel relato suyo da que pensar (¿por qué no?), escribe Araos,
sobre cosas actualísimas que configuran “el espacio ‘cultural e
identitario nacional’ boliviano”.
Juan Araos Úzqueda, editor de yachay
Redacción Yachay |