"YACHAY" Año 24 No. 46, 2007

Sumario

Presentación Yachay
Cómo la actividad misionera exige replantear la metodología teológica Juan F. Gorski, M.M
Buena noticia e interacción cultural en América Latina y el Caribe. Algunas consideraciones. Roberto Tomichá
Charupá, ofm. conv.
Ética familiar y Bioética en el Documento de Aparecida Miguel Manzanera, SJ
Asociacionismo y devoción. Notas sobre la cofradía de Nuestra Señora de las Mercedes (Cochabamba, siglos XVIII-XIX) Alber Quispe Escobar
Hacia una reivindicación de la experiencia estética en Presencias Reales Martha Rivera Sánchez
La fiesta como interrupción del tiempo lineal Richard Trewhella
De identidades, (trans)migraciones y cambios de vidaJuan Araos Úsqueda Juan Araos Úzqueda

Presentación

Siete artículos, de misionología, historia, crítica literaria y filosofía, que reseñamos a continuación, ofrece este número de yachay.

En el primero, “Cómo la actividad misionera exige replantear la metodología teológica”, Juan Gorski distingue brevemente las actividades misionera y pastoral de la Iglesia Católica, y luego expone su punto de vista sobre las relaciones entre la multiplicidad de los pueblos y sus diversas expresiones teológicas. Todos los pueblos participan, escribe Gorski, “del misterio pascual de Cristo”. La historia conlleva tanto “la presencia y acción de Dios” en ella, como la experiencia humana, que las diversas culturas expresan, de esa presencia activa y salvadora. Las prácticas (a) de las comunidades apostólicas, (b) de la vida religiosa y cultural de los pueblos y (c) de la Iglesia universal, integran un “diálogo tripolar”, marcado por una triple fidelidad correlativa, subraya el autor, quien recalca también que la teología inculturada y la actividad misionera contribuirán mejor a ese diálogo en cuanto conciban la salvación no sólo como algo relativo a “las almas de los individuos después de la muerte” sino como una tarea “que se realiza aquí y ahora, en la historia, con la participación humana consciente, libre, responsable, generosa y gozosa”.

Roberto Tomichá presenta, por su parte, en “Buena noticia e interacción cultural en América Latina y el Caribe. Algunas consideraciones”, un panorama de la historia de la Iglesia “en su relación con las culturas ancestrales y emergentes del continente”, observando en especial el modo “como la jerarquía eclesiástica ha abordado” la interacción cultural, y la propuesta evangélica que la Iglesia hace a los pueblos de este lado del mundo. Registra para ello, a partir de documentos oficiales de una y otra latitudes, cuatro momentos que le parecen decisivos: (1) del Concilio Limense (s. XVI) a la I Conferencia General de Río de Janeiro (1955); (2) del Concilio Vaticano II a la Conferencia de Puebla (1979); (3) de la Conferencia de Puebla al II Congreso Misionero Americano (2003); y (4) de este II Congreso a la Conferencia de Aparecida, de la cual resume el discurso inaugural de Benedicto XVI y pondera los principales pronunciamientos sobre el cambio cultural en América Latina y el Caribe, aunque a su juicio éstos no explican suficientemente los aportes “de las culturas a la teología, espiritualidad, expresiones litúrgicas, ni tanto menos a la organización, estructura o espacios de decisión eclesiástica”. Una misionología latinoamericana idónea conjugará, en este contexto, sostiene Tomichá, la centralidad de la Vida y del Reino, en cada Iglesia local, donde el “fuerte sentido de la cercanía personal y del misterio, de Dios” brinda recursos suficientes para emprender con buen éxito el desafío “de la interacción cultural en este cambio de época que vive el mundo”.

Miguel Manzanera examina después, en “Ética familiar y bioética en el Documento de Aparecida”, “los aspectos de moral sexual familiar y de bioética”, de dicho documento cuyo trasfondo metodológico queda resumido en la fórmula hermenéutica “proclamar, ver, juzgar y actuar”. Manzanera condensa las tres partes y los diez
capítulos del escrito de Aparecida, antes de presentar con más detalle temas que él considera relevantes en esos capítulos: rechazo “de la ideología de género”; rechazo de las uniones homosexuales (aunque “el documento no trate el tema de la homosexualidad y ni siquiera lo mencione”); rechazo de “los derechos sexuales y reproductivos”. Manzanera insiste en que este triple rechazo se corresponde con la afirmación de la familia y el matrimonio cristianos y de la“procreación natural responsable”, ejes decisivos de una pastoral familiar que según él se adherirá sin reservas a la “cultura de la vida” propugnada por los obispos reunidos en Aparecida o fracasará en su intento.

En “Asociacionismo y devoción. Notas sobre la cofradía de Nuestra Señora de las Mercedes (Cochabamba, siglos XVIII-XIX)”, Alber Quispe perfila de manera general las características socioeconómicas de esa cofradía, “y en menor medida sus manifestaciones en la religiosidad popular”, como una forma de aproximarse “a la trama cofradiera en Cochabamba”, tan antigua o más que la misma ciudad. Se refiere entonces a la fundación (no muy regular) y a la organización interna (poco reglamentada) de la entidad, registrando la lista de sus mayordomos entre los siglos XVIII y XIX, y algunos deberes y atribuciones de ellos. Indaga también la participación de los cofrades en la cofradía, y el origen y cuantía de los ingresos y egresos, de ésta, “destinados principalmente a costear las fiestas de la Señora de las Mercedes celebradas anualmente cada 24 de septiembre”. “Al parecer, concluye Quispe, en estos suelos, las cofradías no tenían un papel marginal sino, por el contrario, estaban muy inmersas en diversas facetas de la vida colonial”.

Martha Rivera Sánchez destaca más adelante, en “Hacia una reivindicación de la experiencia estética en Presencias Reales”, la importancia que George Steiner reconoce a ciertas cuestiones estéticas e incluso teológicas, como facilitadoras de la comprensión textual en el campo de los estudios críticos y literarios. Reseña con ese fin la filosofía del lenguaje del autor francés, sobre la base de Presencias Reales y otras obras, en una especie de prolijo contrapunto con la lingüística estructural y la deconstrucción contemporáneas. Entre los rasgos de esa filosofía, de índole marcadamente fenomenológica y hermenéutica, que su lectura pone de relieve, observemos los siguientes: consonancia entre palabra y mundo; valor insoslayable de diversos niveles de interpretación; veracidad (semántica, existencial, ontológica) de la experiencia estética; apuesta metafísica por el sentido. Rivera piensa que para esta apuesta radical la “otredad” inscrita en la obra de arte, consiste en “una realidad trascendente”, que si bien se instaura como un objeto que puede ser deconstruido, resulta invulnerable a la luz de “categorías evidentes y de sentido común” reveladas en el fenómeno estético tal como Steiner lo entiende.

“La fiesta como interrupción del tiempo lineal”, de Richard Trewhella, postula que la fiesta, como tiempo privilegiado que es,“recrea la memoria y la identidad de los pueblos”, de manera que los cambios en la experiencia que se tenga de ella, indican por lo general mudanzas identitarias importantes “a nivel de las comunidades”.
Trewhella recurre a la filosofía de la historia de Walter Benjamin y a consideraciones teóricas de Mircea Eliade, para desarrollar esa hipótesis de su texto sobre el escenario, familiar para él y para muchos de nosotros, de lo que llama “el caso de Bolivia”. Benjamin “intuyó lúcidamente, escribe Trewhella, los desastres a los que conducirían las doctrinas históricas del progreso”, y las miserias del historicismo que fija el pasado lejos de modo que los poderosos de ayer perduren hoy igual que antes, cuando la verdad es que “el pasado debe venir al presente, pero para trastocarlo profundamente”, hecho historia memoriosa y despierta en “los sujetos injustamente olvidados” cuya práctica interrumpe, llegado el caso, “la fatal marcha del progreso inhumano”, el tiempo lineal que fluye al ritmo del trabajo forzado, la
disciplina ordinaria que proscribe (pero nunca del todo), lo ritual, consagratorio, festivo, en lo cual la realidad se revela y se recrea.

Cierra este número de yachay “De identidades, (trans)migraciones y cambios de vida”, de Juan Araos Úzqueda. El texto recuerda el mito de Er, narrado por Sócrates al final de La República, del que cada lector “tomará lo que a su juicio corresponda”. Araos declara en él su expectativa de que ese relato de Sócrates sirva para pensar no sólo las cosas señaladas en el título de su ensayo sino también otras como elección de vida, destino personal, virtudes éticas, libre albedrío, vida buena, promesa, fidelidad, humanas, y otras que cabría incluir en una agenda filosófica útil aunque “inmensurable y como en expansión permanente”, sobre temas que nos conciernen. Pues aunque el platónico Sócrates “no creyese al pie de la letra en destinos y cursos de vida, individuales” como los que describe en el libro X de La República y en otros diálogos, “sí creía, corría el bello riesgo de creer, en algo semejante o análogo a esos destinos y cursos de vida”, y aquel relato suyo da que pensar (¿por qué no?), escribe Araos, sobre cosas actualísimas que configuran “el espacio ‘cultural e identitario nacional’ boliviano”.

Juan Araos Úzqueda, editor de yachay

Redacción Yachay